Escasez de médicos, hospitales en dificultades, pérdida de cobertura y largas distancias para recibir atención están transformando la salud en las comunidades rurales
Nashville (LC): Para más de 66 millones de estadounidenses —aproximadamente uno de cada cinco habitantes del país— vivir en una comunidad rural puede significar enfrentar mayores dificultades para recibir atención médica. Muchos residentes de las zonas rurales carecen de seguro médico y enfrentan serias dificultades para acceder a servicios de salud. La escasez de médicos y enfermeros, la precaria situación financiera de numerosos hospitales y las largas distancias que deben recorrer para recibir atención especializada o de emergencia agravan aún más esta realidad. Según datos citados por American Community Media, 720 hospitales rurales están en peligro de cerrar y 294 enfrentan un riesgo inmediato de cierre en los próximos dos o tres años.
La situación plantea una pregunta sencilla pero preocupante: ¿qué ocurre cuando sufrir un infarto, tener una complicación durante un embarazo o simplemente necesitar atención médica urgente requiere recorrer decenas de millas antes de encontrar un hospital?
Una conferencia nacional sobre la crisis
Estos desafíos fueron analizados durante una conferencia de prensa organizada por American Community Media (ACoM), una organización que realiza encuentros informativos sobre temas de interés para medios que sirven a diversas comunidades del país. Bajo el título “Rural Health Care at a Breaking Point: Who Can Afford to Stay Healthy?”, la conferencia examinó el acceso a los servicios médicos rurales, la situación de los hospitales, los cambios en Medicaid y la cobertura del Affordable Care Act (ACA), así como las posibles soluciones al problema.
Participaron tres especialistas: Dra. Katherine Hempstead, asesora principal de políticas de la Robert Wood Johnson Foundation; Dr. Neale Mahoney, profesor de Economía de Stanford University y George P. Shultz Fellow del Stanford Institute for Economic Policy Research; y Dra. Amy Gordon Bono, médica de atención primaria en Tennessee.
Katherine Hempstead: comunidades que ya comienzan en desventaja
Hempstead señaló que las comunidades rurales enfrentan una combinación particularmente difícil de problemas: mayores niveles de pobreza y mala salud, disminución de la población, tabaquismo, consumo de drogas, problemas de nutrición, riesgos asociados con determinadas ocupaciones y una persistente escasez de profesionales de la salud.
La especialista expresó preocupación por los cambios federales que afectan Medicaid y por las consecuencias que una reducción en cobertura puede tener tanto para los pacientes como para las instituciones que los atienden. En las comunidades rurales, muchos agricultores, pequeños empresarios y trabajadores independientes dependen de la cobertura obtenida a través del mercado creado por el Affordable Care Act, explicó.
Cuando una persona pierde su seguro, señaló Hempstead, el impacto no termina con el paciente. Los hospitales continúan atendiendo enfermos, pero pueden terminar absorbiendo una mayor cantidad de servicios no compensados, aumentando las presiones sobre instituciones que en algunos casos ya enfrentan dificultades financieras.
Hempstead también cuestionó si el nuevo Rural Health Transformation Program, que proporciona $50 mil millones durante cinco años, será suficiente frente a la magnitud de los problemas existentes. El gobierno federal, por su parte, sostiene que el programa permitirá fortalecer la fuerza laboral médica, modernizar instalaciones y tecnología y desarrollar nuevos modelos de atención. Los 50 estados recibieron asignaciones y Tennessee obtuvo aproximadamente $206.9 millones para el primer año.
Amy Gordon Bono: cuando la distancia se convierte en un riesgo
La Dra. Amy Gordon Bono llevó la conversación al terreno de los pacientes. Relató el caso de una persona que enfrentó una enfermedad grave pero tenía dificultades para conseguir una cobertura adecuada y era demasiado joven para Medicare.
Bono también llamó la atención sobre la mortalidad materna e infantil, la falta de atención prenatal y de servicios de salud mental y las disparidades que afectan particularmente a comunidades vulnerables. En las zonas rurales, explicó, estos problemas se complican por la escasez de profesionales y por las distancias que los pacientes deben recorrer para obtener tratamiento.
Durante la conferencia, Ramón Cisneros, de La Campana, le preguntó a la Dra. Bono si parte del problema se debía a que médicos y enfermeros eran renuentes a mudarse y trabajar en comunidades rurales.
Bono respondió utilizando su propia experiencia. Explicó que ella creció en una comunidad rural y que por ello se sintió cómoda trabajando en ese ambiente. Consideró que otros médicos con experiencias similares podrían igualmente sentirse atraídos por estas comunidades. Sin embargo, reconoció que frecuentemente es difícil encontrar profesionales de la salud dispuestos a establecerse y ejercer en las zonas rurales.
Precisamente atraer y retener médicos, enfermeros y otros profesionales es uno de los objetivos oficiales del Rural Health Transformation Program.
El problema adquiere todavía mayor importancia durante una emergencia. Una persona que sufre un infarto, un derrame cerebral o un accidente grave puede necesitar atención especializada inmediatamente. Cuando el hospital apropiado está a una gran distancia, los minutos y las millas pueden convertirse en factores decisivos.
Neale Mahoney: asegurado, pero sin poder pagar la atención
El economista Neale Mahoney abordó otro aspecto de la crisis: las familias que quedan atrapadas entre los programas públicos y el alto costo de la medicina privada.
Muchos trabajadores pueden ganar demasiado para calificar para determinados programas de asistencia, pero no lo suficiente para pagar cómodamente primas, deducibles y gastos médicos. Incluso una persona asegurada puede descubrir que su cobertura resulta insuficiente cuando realmente la necesita.
Un niño que se accidenta jugando o una persona que llega a una sala de emergencia con dolor en el pecho puede generar inesperadamente miles de dólares en gastos. Para una familia con recursos limitados, una emergencia médica puede convertirse también en una emergencia financiera.
Mahoney destacó además una característica del sistema estadounidense: para millones de personas, el seguro médico está vinculado al empleo. Perder el trabajo puede significar perder simultáneamente el salario y la cobertura de salud.
Durante la conferencia surgieron también preguntas sobre alternativas como Medicare for All y una opción pública de seguro médico. Mahoney señaló que otros países desarrollados gastan menos que Estados Unidos en salud y utilizan sistemas con una participación pública más amplia. Sin embargo, explicó que uno de los grandes desafíos sería determinar cómo pasar del sistema estadounidense actual a uno diferente, particularmente cuando millones de personas reciben cobertura a través de sus empleadores o compañías privadas.
Una crisis que va más allá de los hospitales
El problema de la salud rural no termina en la puerta de un hospital.
Cuando una comunidad pierde servicios médicos también puede volverse menos atractiva para familias, empresas y profesionales. La desaparición de un hospital significa además pérdida de empleos y puede obligar a sus habitantes a viajar cada vez más lejos para recibir atención.
Mientras tanto, las necesidades médicas permanecen. Los niños seguirán enfermándose, las mujeres necesitarán atención durante sus embarazos, los trabajadores sufrirán accidentes y las personas continuarán teniendo infartos, derrames cerebrales y otras emergencias.
La conferencia de American Community Media mostró que no existe una única solución. Los especialistas plantearon diferentes preocupaciones y alternativas sobre seguros, financiamiento, disponibilidad de profesionales y políticas públicas.
Pero detrás de las estadísticas y de los miles de millones de dólares existe una realidad mucho más sencilla: millones de estadounidenses necesitan saber que, cuando ellos o sus familias enfrenten una emergencia, habrá un médico y un hospital suficientemente cerca para atenderlos.
Y esa realidad deja una pregunta que continúa abierta: ¿debe el lugar donde vive una persona determinar el acceso que tendrá a los servicios médicos que pueden salvarle la vida?














