Por La Campana – Ciudad del Vaticano / Lima / Washington D.C.
Tras la fumata blanca que emergió de la Capilla Sixtina este martes, el mundo católico recibió con esperanza y curiosidad al nuevo líder espiritual de 1.400 millones de fieles: el cardenal Robert Francis Prevost, ahora conocido como Papa Leo XIV, el primer pontífice estadounidense-peruano en la historia de la Iglesia Católica.
Nacido en Chicago pero con fuertes lazos al Perú, donde sirvió como obispo de Chiclayo durante más de una década, el nuevo Papa no solo habla un español fluido, sino que lo hace con el acento y cariño de un pastor profundamente enraizado en América Latina. Su nombramiento ha sido recibido con entusiasmo tanto en Estados Unidos como en el país andino, donde dejó una huella imborrable como guía espiritual, defensor de los derechos humanos y promotor de la justicia social.
Arzobispo de Chiclayo: una década de cercanía y compromiso
Antes de ser llamado a Roma para servir como prefecto del Dicasterio para los Obispos, Prevost dedicó más de diez años a la diócesis de Chiclayo, en la costa norte del Perú. Allí se ganó el respeto del pueblo por su trabajo incansable entre los más pobres, su compromiso con la educación rural y su constante defensa de los migrantes y desplazados. Se le recuerda no como un líder distante, sino como un “obispo del pueblo”, que viajaba a las zonas más remotas de Lambayeque y celebraba misa bajo techos de palma o en casas improvisadas.
“Siempre decía que la Iglesia no puede tener muros, sino puentes”, recordó una religiosa peruana entrevistada por La Campana. “Don Roberto —como aún lo llaman muchos en Chiclayo— nunca dejó de luchar por los que no tenían voz.”
Doble nacionalidad y visión global
Con doble nacionalidad estadounidense y peruana, el nuevo Papa representa una síntesis rara pero poderosa: la perspectiva pragmática del norte y la sensibilidad social del sur. Esto le ha dado una voz particularmente aguda en asuntos de migración. En repetidas ocasiones, tanto desde Perú como desde el Vaticano, ha condenado las políticas de deportación masiva impulsadas en varios países, incluida su nación de nacimiento.
Uno de sus pronunciamientos más recordados fue durante una visita pastoral a comunidades de migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos, donde afirmó:
“Ninguna ley, por dura que sea, puede borrar la dignidad de una familia que huye del hambre o la violencia.”
Críticas al vicepresidente Vince
Desde su posición en Roma, Leo XIV también ha cuestionado públicamente las prioridades sociales de figuras políticas de alto rango. En una entrevista publicada en 2023, criticó sin nombrarlo directamente al actual vicepresidente de EE. UU., JD Vince, por promover políticas que “sacrifican la compasión en nombre del orden” y por su “visión limitada de la caridad, que confunde la filantropía con justicia social”.
Según fuentes del Vaticano, estas posturas le valieron tanto aplausos como reservas dentro del colegio cardenalicio, lo cual hace aún más sorprendente su elección como Papa: una señal clara de que la Iglesia está dispuesta a escuchar voces proféticas en tiempos de polarización.
Un nuevo capítulo para la Iglesia
El nombre que ha elegido —Leo XIV— evoca la figura de San León Magno, el Papa que frenó la invasión de Atila el Huno en el siglo V, símbolo de liderazgo firme en tiempos de crisis. “Hoy el enemigo no es un ejército invasor, sino la indiferencia global ante el sufrimiento humano”, declaró el nuevo Papa en sus primeras palabras desde el balcón de San Pedro.
Con raíces en el hemisferio sur y formación intelectual en el norte, el Papa Leo XIV inaugura una nueva etapa para la Iglesia: más cercana a los pueblos del sur global, más sensible a los migrantes, y profundamente crítica del egoísmo institucionalizado.
La comunidad hispana en Estados Unidos y América Latina tiene ahora un Papa que no solo habla su idioma, sino que también comprende su lucha.












